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domingo, 19 de abril de 2009

DE LA IMPOSICIÓN A LA AUTOCOMPOSICIÓN

C.E.A: Editorial

 por Por Fabián Felman
 
Muchas veces quienes representan a la patronal señalan que es importante que los trabajadores antes de tomar una medida de fuerza dialoguen, que “se sienten a conversar”.


Obviamente, esto que es transmitido por los medios no muestra la continuidad y constancia de las peticiones que realizan los trabajadores y sus organizaciones sindicales antes de decidir acciones directas. Se realiza una enorme peregrinación antes de llegar a determinar la medida de fuerza. Es que los trabajadores, históricamente, han demostrado sobradamente su vocación de diálogo para el sostén del trabajo.


Dentro del complejo panorama de reclamos, conflictos, pedidos de recomposición salarial y una variada gama de respuestas por parte de las diferentes patronales, privadas y gubernamentales (que, desgraciadamente, no excluyen la represión lisa y llana), el panorama político-gremial-profesional de los docentes, en el 2008, pareciere más complicado de lo que es -o, si se prefiere, se muestra demasiado permeable a ciertos sesgos, a cierta espectacularidad sensacionalista que han introducido los medios en la agenda educativa.


Por supuesto, los fantasmas, la falta de certezas más elementales, en algunos planos básicos de la vida, respecto del futuro mediato que atraviesa a todos los países -nos repiten con insistencia quienes hasta no hace tanto fueron exégetas del modelo económico mundial que tanto daño irreparable ha hecho a la sociedad, a varias generaciones de niñas y niños, particularmente a partir de los años 90, de los sectores más postergados-; todo ello moldea un estado de ánimo general en la sociedad del que nadie puede sentirse ajeno. Quienes tenemos un compromiso social, profesional, gremial y político no debemos permanecer indiferentes ni intransigentes.


En este contexto, entonces, recurrir a las herramientas de las que disponemos –que son fruto de la lucha- no sólo es una posibilidad más para defender nuestros derechos gremiales. Es, a la vez y sin ninguna duda, una obligación ética y profesional respecto de la sociedad de la que formamos parte. La Paritaria Nacional Docente es un instrumento privilegiado que debe ser potenciado y no relegado al simple rol de “ámbito de reunión para la discusión salarial”.


En principio, porque el ámbito de la negociación tiene que ser una instancia de diálogo continuo, ya que es el principal instrumento con que se edifican acuerdos permanentes, que exceden las discusiones de coyuntura, en una sociedad democrática que pretende consolidar niveles mayores de justicia social.


La actual Paritaria Nacional Docente, además, es la primera de su tipo en toda la historia argentina. Por primera vez, los docentes nos podemos sentar frente a frente a nuestro patrón –el Estado- para discutir no sólo el salario y las condiciones de trabajo sino también el perfil y las necesidades de la profesión; una profesión que, como siempre hemos sostenido desde la CEA, tiene la particularidad de incidir directa e indirectamente no sólo en sus trabajadores sino en toda la sociedad. Pero es importante resaltar el ámbito de reunión: en el Ministerio de Trabajo.


Rescatar, realzar -aprovechar, en definitiva- las posibilidades que ofrece esta NEGOCIACIÓN COLECTIVA NACIONAL es una obligación gremial y política que tenemos los sindicalistas docentes de la cual no debe ser ajena el ESTADO. En este camino si lográramos reuniones permanentes de las distintas comisiones de la Paritaria, habría un seguimiento constante de una serie de cuestiones que hacen a nuestra profesión.


Un conflicto en una o varias jurisdicciones no debería ser impedimento ni excusa para que no se reúna la Paritaria. Así, se minan las posibilidades de avanzar en todos los terrenos porque se relega la conquista central –semántica, también- que implica la Paritaria: el diálogo entre las partes sin imposiciones. Somos conscientes de que la Paritaria se debe cumplir -y no siempre se cumple, y también hay quienes la niegan- en cada una de las jurisdicciones del país. Significa un modo de privilegiarla como herramienta de lucha.


Implica un cambio de actitud por parte de algunos gobiernos jurisdiccionales que determinan en forma arbitraria las modificaciones salariales o de las demás condiciones laborales docentes. Entendámoslo: el docente no es un soldado del Estado y existen determinados gobiernos jurisdiccionales que bastardean la Paritaria cuando aún está naciendo.


La Paritaria establece, además, que cuando existen conflictos jurisdiccionales sin solución aparente, las partes pueden recurrir a la convocatoria de una Comisión de Mediación Nacional. Es obvio, la Paritaria mueve intereses acendrados, sacude viejos esquemas de roles: se comienza a compartir las decisiones: no se imponen, las partes llegan a resultados por autocomposición. Los ostentadores de los poderes del Estado deben hacer un traspaso discursivo, que lleva intrínseca la democratización del poder. Deben pasar del “Vamos a darles a los docentes...” a “Acordamos con los docentes...”


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